Begoña considera que el voluntariado «es una actividad necesaria en la sociedad» y, además, destaca que a ella ayudar a los transeúntes que le aporta la posibilidad de «darte cuenta de que a cualquier persona puede pasarle lo mismo» y, por tanto ser capaz de ponerse en su lugar.
Al albergue de la Fundación San Juan de Dios acude un buen grupo de voluntarios. En función del tiempo de que disponen se organizan para ofrecer su colaboración. Begoña después de atender la consigna, donde guardan las pertenencias de todas las personas que acuden al centro, ayuda a servir en el comedor.
Y de todo cuanto hace en favor de esas personas extrae la conclusión de que merece la pena. Tanto es así que asegura que se trata de «una experiencia que recomiendo a todos, jóvenes y mayores. Hace falta gente para ayudar en muchos sitios».